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viernes, 20 de julio de 2018

Socialismo e individualismo

Cada persona es un individuo que puede ser completamente autónomo respecto de los demás excepto para reproducirse. Por otra parte, los seres humanos siempre han formado grupos más o menos numerosos, viviendo en sociedad unos con otros y consiguiendo prosperar y avanzar más rápidamente gracias a la especialización y al reparto de tareas.

Esta dualidad entre la faceta individual y la social ha llevado a desarrollar dos líneas de pensamiento más o menos enfrentadas alrededor de la cuestión de si es más importante la sociedad y sus intereses que cualquiera de los individuos que la componen, o al revés, si es el individuo y sus intereses lo que debe primar. Para las teorías que afirman esto último tenemos una palabra claramente definida en nuestro diccionario: individualismo, es decir, tendencia hacia o doctrina sobre el individuo. Sin embargo, el término que debería designar lo mismo pero con respecto a la sociedad no está definido como tal. Este término debería ser, por analogía, “sociedatismo”, o algo así, pero como esta palabra no existe, lo más parecido y apropiado me parece que es usar el término socialismo. En realidad, se suele usar el término colectivismo, que en realidad hace referencia a un sistema de organización de la propiedad, y que me parece menos apropiado por hacer referencia al concepto de colectividad en lugar de al de sociedad que creo que representan cosas diferentes. En cualquier caso, la palabra socialismo no está definida de esta manera, sino que hace referencia a ciertas doctrinas políticas de izquierdas, por lo que me tomo la libertad de hacer uso de la misma para designar el concepto de dar primacía a la sociedad sobre el individuo, ya que no he encontrado ninguna palabra definida de esta manera.

Quizás el hecho de que no exista claramente una palabra para designar el concepto de poner la sociedad por delante del individuo provenga de que esta idea es la que ha primado siempre, hasta el punto de que se considera algo tan normal y evidente que no necesita ni siquiera tener un nombre. Esto parece estar apoyado por el hecho de que, si buscamos antónimos de la palabra individualismo, podemos encontrar términos como solidaridad, compañerismo, camaradería, fraternidad, apoyo, etc. lo que parece indicar que siempre ha tenido connotaciones negativas por oponerse a la idea imperante y, como todo lo que deseamos demonizar, ha necesitado de un nombre para ser designado y convenientemente denostado. También podemos encontrar sinónimos de individualista como egoísta, interesado, materialista o egocéntrico.

Por supuesto, la definición de las palabras que utilizamos no viene determinada por leyes de la naturaleza, como la carga del electrón, por ejemplo, y podemos utilizar la misma palabra para denotar conceptos diferentes, siempre que proporcionemos las explicaciones pertinentes de cara a ser comprendidos por nuestros interlocutores. Pero el uso que hacemos del lenguaje siempre deja traslucir nuestra mentalidad y nuestras creencias, así que siempre resulta interesante analizar cuestiones desde este punto de vista. Yo soy individualista, por lo que ya os adelanto que, para mí, lo malo es el socialismo, y no voy a tratarlo con consideración precisamente.

Que el socialismo haya sido la tónica general desde el principio de los tiempos resulta comprensible si atendemos a la historia de la humanidad. Por un lado, en los tiempos más remotos, la supervivencia debía resultar algo ciertamente complicado, teniendo que luchar constantemente contra los elementos, los animales y, sobre todo, contra otros seres humanos. En estas circunstancias, formar grupos debía ser imprescindible para sobrevivir. Como no sabíamos gran cosa sobre el mundo ni sobre nosotros mismos, la idea de desarrollo individual seguramente ni siquiera aparecía en la mente de nadie. Nunca tuvimos realmente un padre o un tutor que nos explicase todo lo que necesitábamos saber sobre el mundo, así que, dada nuestra necesidad urgente de conocimiento y sabiduría, nos lo inventamos en forma de mitos sobre dioses, creaciones y mandatos, que hicieron el papel de esa autoridad superior que siempre nos ha faltado. Esto trajo consigo que los individuos particulares tuviesen todavía menos relevancia. Los gobernantes, por lo general, tenían un poder absoluto sobre la vida de los gobernados. Como ellos eran los garantes del orden social y los representantes del mandato divino sobre los pueblos, estaba claro que el individuo era totalmente insignificante en relación con la sociedad. El individualismo era, sencillamente, un concepto estúpido y absurdo, algo que solo se le podía ocurrir a un loco o a un tonto.

Monotonía socialista frente a diversidad individualista
Monotonía socialista frente a diversidad individualista

Obviamente, no todos los individuos eran iguales. Existían individuos destacados como los gobernantes y los sacerdotes, pero generalmente eran considerados una parte esencial de la sociedad, algo así como un símbolo que la representaba, por lo que disponían de mayores recursos que el resto en todos los sentidos, lo que los convertía en los más interesados en mantener este orden de cosas. Para rematar, los prisioneros y vencidos en las continuas guerras se convertían normalmente en esclavos o siervos de los vencedores, lo que reducía todavía más su individualidad. Los gobernantes malos y egoístas eran denostados como tiranos, los súbditos díscolos como delincuentes. El resto era simplemente “la sociedad”.

Las cosas fueron así durante mucho tiempo, en buena medida debido al conservadurismo de los más poderosos respecto de una situación que les resultaba la mar de conveniente, pero también al conservadurismo de los gobernados, debido sobre todo al temor a los cambios y a los posibles castigos por violar el orden natural de las cosas. Pero es imposible detener el avance del conocimiento humano, no solo porque aprendemos aunque no queramos, sino porque incluso al más conservador le resultan útiles ciertas innovaciones, además de que siempre surgen algunas personas inquietas con ánimo de cambiar algunas cosas, a ver qué pasa. Ciertos individuos destacados empezaron a desarrollar la filosofía, la ciencia la ingeniería, la escritura, las matemáticas… con mayor o menor oposición, pero de manera imparable. El individuo empezó a hacerse más sabio y con más posibilidades de pensar por cuenta propia. Esto hizo que el individualismo empezase a verse como algo potencialmente peligroso, en lugar de como algo simplemente absurdo, por lo que empezó a ser demonizado como la antítesis de la sociedad y de la unidad y fraternidad entre las buenas gentes.

Hoy en día, la sociedad ha avanzado mucho. El individualismo ya no nos resulta un concepto extraño y, aunque sigue teniendo para mucha gente connotaciones negativas, es algo que nos resulta generalmente natural y positivo en cualquier sociedad civilizada. De hecho, el socialismo puro hoy en día parece una idea extremista. Tenemos ejemplos recientes como el fascismo, el comunismo o el nacionalsocialismo, o contemporáneos, como el estado islámico, que nos muestran hasta dónde puede llegar una idea de este tipo. La razón es muy sencilla de entender: un individuo es un ser consciente que puede hacerse máximamente responsable de sus actos, siempre que se desarrolle lo suficiente, pero una sociedad nunca puede llegar a ser un organismo consciente ni responsable de nada, es solo una abstracción sin alma y sin voluntad, sin capacidad de controlar nada, por lo que es necesario que alguien se haga cargo de este papel, es decir, es necesario recurrir al individuo. Esto creo que deja claro que el individuo como tal es una entidad de nivel superior a la sociedad, que es únicamente una herramienta del individuo que comparte con otros individuos para optimizar el uso de los recursos y de su tiempo.

La sociabilidad no es un legado de la antigüedad ni un mandato de los dioses, sino un instinto natural de nuestra especie, heredado de nuestros antepasados no humanos y que compartimos con otras especies animales. El único garante de la sociedad es la Naturaleza, otra cosa es que nos capacitemos para aprender a funcionar en el tipo de sociedades que construimos y que desarrollemos las competencias necesarias para relacionarnos con los demás de forma pacífica y constructiva. Teniendo esto en cuenta, podemos ver el individualismo y el socialismo desde el siguiente punto de vista: El individualismo considera que las personas pueden desarrollarse siempre hasta un nivel en el que pueden hacerse máximamente responsables de sus actos y funcionar solo con la supervisión justa para organizar el funcionamiento de las cosa de manera óptima, es decir, cree que la igualdad es posible, independientemente del trabajo que cueste conseguirla, y no considera la libertad individual como un problema, por lo que una sociedad individualista sería una sociedad de iguales plural y diversa. El socialismo, al contrario, considera que las personas presentan unas diferencias naturales insalvables que hace que algunos grupos deban dominar sobre otros de manera natural. Además, el socialismo añade una serie de principios trascendentes que se supone que son portadores de la autoridad necesaria para justificar esta sumisión y que, por lo tanto, son la garantía del orden y el buen funcionamiento de la sociedad. Para imponer estos principios, por supuesto, se puede recurrir a la violencia si es necesario. La disidencia siempre será perseguida. La uniformidad, el maniqueísmo y los juicios binarios son características del socialismo.

Evidentemente, visto de esta manera, está claro que las sociedades democráticas actuales deberían ser definidas como individualistas. Sin embargo, todavía presentan un tufillo socialista bastante pronunciado en algunos aspectos, lo que constituirá la temática general de los artículos publicados en este tema.

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