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viernes, 30 de noviembre de 2018

Contra la violencia, autodefensa

La autodefensa o legítima defensa es una figura jurídica de derecho penal recogida universalmente en todos o casi todos los códigos legales existentes en la actualidad; incluso instituciones cristianas importantes, como la Iglesia católica, la admite como un acto lícito. Consiste básicamente en la legitimación legal de la posibilidad de reaccionar, incluso violentamente, ante una agresión contra nuestra integridad física o la de otras personas o incluso contra nuestros bienes materiales.

El neurocientífico y escritor Steven Pinker, en Los ángeles que llevamos dentro y En defensa de la ilustración, realiza una exposición muy documentada sobre el declive de la violencia en el mundo actual, hasta el punto de presentarlo como algo cuya tendencia es a desaparecer o a convertirse en algo anecdótico. Es posible que esto sea así, pero actualmente todavía estamos bastante acostumbrados a convivir con la violencia, y muchas veces con la violencia extrema, como se puede comprobar cada día simplemente con ver el telediario. Sinceramente, yo llevo muchos años sin ser objeto de una agresión, ni siquiera mínima, y solamente tengo noticias directas de algo así por algún conocido, y muy de tarde en tarde, normalmente nada grave, además; ¿debemos preocuparnos entonces por este tema y tomar medidas, o podemos relajarnos y olvidarnos del asunto, pensando que nunca vamos a vernos envueltos en una situación de este tipo?

La cuestión de la violencia, más que un problema de probabilidad es un problema de coste. En 2018, simplemente en España, ha habido 227 homicidios, 44142 robos con violencia, 54 secuestros y 1305 violaciones, como se recoge en este enlace tomando como fuente datos del Ministerio del Interior. Parece difícil que nos vaya a tocar a nosotros, pero el coste de que nos suceda es muy alto y puede llegar a ser incluso mortal. Ante esta posibilidad, parece bastante razonable tomar medidas de prevención, como hacemos ante la eventualidad de posibles accidentes o problemas económicos. Existen países, como EEUU, en los que la constitución reconoce el derecho a portar armas a sus ciudadanos para defenderse; yo creo que esto es un error. Las pistolas igualan a los hombres, dice el dicho, y lo cierto es que, en presencia de armas, normalmente tiene ventaja siempre el agresor, incluso aunque la víctima esté preparada para usar las armas. Uno no va por ahí con una pistola en la mano, como los policías en las películas cuando van a entrar en acción; posiblemente una agresión nos pille por sorpresa, y no es difícil que nuestra pistola acabe en manos del agresor, empeorando todavía más las cosas. Las consecuencias de un posible error o de una bala perdida también son inaceptables. El control de armas, incluso su prohibición total fuera del ámbito de las fuerzas de seguridad, es siempre una mejor opción que su uso generalizado, y contribuye a reducir la violencia.

Pero la defensa personal basada en la preparación física ya es otro cantar. Solemos considerar que nuestra defensa contra las agresiones está en manos de las fuerzas de seguridad del estado, la policía, básicamente; y lo cierto es que, si te ves envuelto en una agresión y hay policías delante, acudirán en tu defensa. La policía también es la que acude para evitar los actos violentos multitudinarios, en manifestaciones o partidos de fútbol, por ejemplo. Pero la cantidad de policías disponibles es siempre bastante limitada. Uno no va por la calle con un policía a su lado vigilando para que nadie le agreda, y los agresores no suelen actuar delante de la policía, por lo que la evitación de una agresión por parte de las fuerzas de seguridad es más una cuestión de suerte que otra cosa. Si la policía puede evitar una agresión, normalmente no es por el hecho de que vayan armados; el uso de las armas por su parte está muy restringido, y les puede traer bastantes problemas hacer uso de ellas injustificadamente. Lo que un policía utiliza normalmente para enfrentarse a un agresor y reducirle son sus conocimientos de defensa personal; estos conocimientos le permiten, además, utilizar solo la violencia necesaria, ya que tanto para él como para los demás, el uso legal de la violencia se rige por el principio de proporcionalidad. En la mayoría de los países civilizados, conseguir un arma y el derecho a portarla es bastante complicado, afortunadamente, pero no existen restricciones legales para que uno se apunte a un curso de defensa personal, y hay escuelas para todos los gustos, donde aprendes a defenderte no solo de puñetazos y patadas, sino también de palos, cuchillos o pistolas, y también a reaccionar correctamente en situaciones de tumulto, como pueda ser una pelea en una discoteca, una evacuación por incendio, o incluso un ataque terrorista indiscriminado.

Es cierto que muchas de las víctimas de la violencia son personas ancianas o niños que de todas formas no pueden prepararse físicamente para repeler con éxito una agresión, pero, al igual que nos vendría muy bien que siempre hubiese un policía cerca, también a ellos les vendría muy bien que hubiese siempre una persona preparada y dispuesta a defenderles llegado el caso. La defensa personal también puede hacerse extensible a terceras personas.

También los débiles y los pacíficos pueden aprender a defenderse
También los débiles y los pacíficos pueden aprender a defenderse

Existe una especie de mito acerca de que la violencia solo engendra violencia. Muchas de las principales religiones o corrientes filosóficas éticas y morales rechazan por completo la violencia, incluso como defensa de la propia vida. Se trata de un mito creado en la antigüedad, en un mundo donde la guerra y la crueldad estaban bastante generalizadas y eran muy habituales. Si una persona mataba a otra de otro clan o tribu, los miembros de ésta, como venganza, aniquilaban indiscriminadamente a todos los miembros del grupo rival a su alcance; esto llegaba hasta el punto de hacer necesarios conceptos como el de “ojo por ojo y diente por diente”, como medida de sensatez para limitar el alcance de las venganzas; si te matan al hijo, mata tú al hijo del agresor, no a toda su familia.

La autodefensa no es un acto de venganza; de hecho, la venganza no está permitida por la ley, mientras que la defensa propia sí. Si alguien te pega hoy y tú le pegas mañana, es venganza, no autodefensa, y la ley no te lo va a admitir; pero si te atacan, detienes el golpe y reduces por la fuerza al agresor, es perfectamente lícito; siempre que no te pases, claro está. En este caso no se engendra ninguna violencia, se evita, que no es lo mismo. Cuando uno piensa en enfrentarse a la violencia, hay que pensar con la mentalidad del agresor. Un agresor lo es porque la agresión es una táctica que le funciona; entiende el mundo y las relaciones personales como una cuestión de dominio del más fuerte, y no es raro que desprecie a los más débiles y guarde mucho rencor dentro de sí hacia la sociedad o hacia parte de ella. Es posible que haya tenido una infancia difícil y una historia lacrimógena, pero eso no le hace menos peligroso, y estamos hablando de prevenir y evitar, no de castigar. Rechazar totalmente el uso de la violencia, por muy digno que te pongas, para ellos (y para mí también, que conste), es solo postureo; no te van a respetar por ello, y posiblemente te desprecien todavía más. Poner la otra mejilla me parece una insensatez, pues lo más normal es que un agresor lo vea como una especie de reto y la cosa todavía acabe peor; los agresores normalmente son bastante sádicos, y disfrutan abusando de la indefensión de sus víctimas, pues les hace sentirse superiores.

Por todo ello, no repeler una agresión, en la mente del agresor, es lo mismo que aplaudirla, pues la hace buena porque funciona. No importa lo que piensen las personas pacíficas al respecto, pues el problema no lo tienes con ellas. Imaginemos por un momento una sociedad en la que todo el mundo se prepara desde pequeño en defensa personal. Los agresores también estarán preparados, es cierto, pero también lo están ahora, pues suelen ser pendencieros, participan en numerosas peleas y también se entrenan. La diferencia estaría en que la mayoría de la gente, los que no somos agresores, estaríamos preparados para reaccionar, lo que haría mucho más difícil agredir con éxito e impunemente al prójimo, como por desgracia estamos acostumbrados a ver actualmente en muchas ocasiones. La venganza engendra violencia, es cierto, pero la defensa personal la evita y reduce su incidencia por hacer más difícil que tenga éxito.

Personalmente, yo llevo un año ya practicando Krav maga, una conocida técnica de defensa personal israelí. Todas las personas con las que comparto entrenamiento son gente muy maja y completamente normal y pacífica, de todas las edades y de ambos sexos, y nuestros instructores insisten constantemente en el tema de la reacción proporcional y sensata. La defensa personal no es algo propio de personas violentas y agresivas, sino todo lo contrario. Como nos dicen en clase, somos pacíficos, pero no víctimas.

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