Este sitio utiliza cookies de Google para prestar sus servicios y analizar su tráfico. Tu dirección IP y user-agent se comparten con Google, junto con las métricas de rendimiento y de seguridad, para garantizar la calidad del servicio, generar estadísticas de uso y detectar y solucionar abusos.Mas información

Ir a la página de inicio Contacto RSS
jueves, 04 de enero de 2018

Pensar solo en nuestro propio beneficio

El altruismo y el egoísmo definen dos formas de relacionarse con los demás que se suelen considerar, de forma un tanto maniquea y simplista, como la forma correcta y la incorrecta. La primera tiene siempre connotaciones positivas mientras que la segunda las tiene siempre negativas.

Egoismo y altruismo
Estar centrado en uno mismo

Se dice que un egoísta solo piensa en su propio beneficio, pero, si pretendemos utilizar esta palabra para indicar un comportamiento negativo y rechazable, pensar solo en nuestro propio beneficio también debería serlo, y esto es lo que yo creo que no está tan claro.

El ser humano es un ser social. Aunque hay quien pretende que la sociedad es un invento artificial con el que hemos descubierto que colaborando nos van mejor las cosas y podemos ser mucho más productivos repartiendo las tareas, yo creo que esta visión es incorrecta y más bien interesada. Está destinada a vendernos contratos sociales y garantes del orden y la convivencia. Al igual que muchos animales forman sociedades de una forma natural, sin que intervenga ningún tipo de ingeniería, las personas se asocian con otras personas de forma instintiva. La soledad es uno de los peores males para la mente humana, nos causa tristeza, depresión y puede incluso llevarnos al suicidio. No necesitamos que nadie nos convenza de que es mejor estar acompañado que solo, lo llevamos en los genes.

Pero, como todo el mundo sabe, conseguir estar acompañado no es una tarea trivial. Hay que saber establecer y cuidar las relaciones, seleccionar a las personas con las que vamos a establecer lazos y aprender a adaptarnos a las peculiaridades e intereses de los otros, de manera que choquemos con ellos lo menos posible. Esto requiere de un largo aprendizaje para el que no nos queda más remedio que practicar y equivocarnos muchas veces. Se puede decir que, cuando nos hacemos socialmente competentes, hemos logrado un gran beneficio. Realmente, uno de los mayores.

Visto así, relacionar egoísmo con beneficio parece un tanto contradictorio. Puesto que al egoísta se le suele rechazar, el único beneficio que puede esperar de su comportamiento es el beneficio material. Y si el objetivo del beneficio es la satisfacción y la felicidad, la soledad es un estado de necesidad que no puede paliarse con la simple posesión de bienes y riqueza material.

El mensaje que estamos enviando con esto es que el egoísmo te beneficia. Por lo tanto, ¿qué tiene de malo?, lo único que tienen que hacer los demás es tomar ejemplo y hacer lo mismo, y así todos saldrán beneficiados. Por eso se añade a “pensar solo en tu propio beneficio” lo de “sin reparar en el perjuicio causado a los demás”. Pero perjudicar a los demás se acaba volviendo contra ti, o al menos todos deberíamos asegurarnos de que esto sea así, por lo que sería más correcto decir que el egoísta es alguien que no sabe lo que le conviene y se perjudica a sí mismo y posiblemente a los demás, independientemente de que crea que va a obtener un beneficio.

La otra cara de la moneda es el altruismo. El altruista piensa en el beneficio de los demás, y esto se considera la opción buena y no problemática. Pero este punto de vista es un tanto simplista y se puede matizar. Seguro que todos conocemos algún caso en el que una acción beneficiosa por parte de alguien se minusvalora o incluso se desprecia por el hecho de que ese alguien pretenda obtener también un beneficio de la misma. Hay quien piensa que el altruismo debe ser totalmente desinteresado para que tenga valor. Sinceramente, creo que esto solo lo pueden pensar los caraduras y los ingenuos, un tándem que resulta bastante problemático cuando interactúa.

Si nos importa realmente el beneficio del prójimo, es obvio que también nos debe importar el beneficio del benefactor. Podemos pensar que ya tiene suficiente con la satisfacción de ayudar, pero creo que esto es una decisión que le corresponde a él, puesto que son sus recursos los que se están empleando, no los nuestros. Tampoco el aplauso y el agradecimiento tienen por qué bastar, debe existir una reciprocidad, de manera que, además de participar en el beneficio, también hagamos aportaciones al bien común, y proporcionalidad, si te beneficias mucho del altruismo, deberías tratar de aportar también mucho. Saber valorar bien esto puede ser un buen camino hacia la igualdad.

Por lo tanto, resulta más razonable incluir el beneficio propio, este si verdadero, dentro del concepto de altruismo. Basarse en coletillas simplistas como “dar sin esperar nada a cambio” o “hacer el bien sin mirar a quien” no es suficiente. Para saber lo que les conviene a los demás uno tiene primero que saber lo que le conviene a uno mismo, lo contrario es hacer experimentos que pueden acabar como el rosario de la aurora. Por lo tanto, el primer paso debe basarse en el crecimiento personal y el autoconocimiento. Después de todo, no podemos conocer a nadie mejor que a nosotros mismos, y la experiencia en la búsqueda de nuestro verdadero beneficio se puede extrapolar a los demás. Saber satisfacer nuestras propias necesidades y evitar lo que nos perjudica, además de liberar a los demás de una posible carga, nos puede ayudar a enseñarles a hacerlo también a ellos. Creo que el individualismo bien entendido consiste precisamente en eso, conseguir una sociedad de individuos autónomos y colaborativos satisfechos de poder valerse por sí mismos y de ayudar a los demás a conseguirlo también. De esta manera, la riqueza consiste en el sobrante y puede ser maximizada sin que nadie tenga por qué sacrificarse. Trabajar correctamente en uno mismo también es trabajar por la sociedad.

La conclusión que saco de estas reflexiones es que hay que huir del simplismo y de la ideología, no confundir el altruismo con la caridad, y pensar de manera crítica en las cosas que hacemos y, sobre todo, en nosotros mismos y como sacarnos el mayor partido posible, de manera que luego podamos repartir beneficios.

Comparte este artículo: Compartir en Twitter Compártelo en Facebook Compartir en Google Plus
Comentarios (0):
* (Su comentario será publicado después de la revisión)

E-Mail


Nombre


Web


Mensaje


Retype the CAPTCHA code from the image
Change the CAPTCHA codeSpeak the CAPTCHA code