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viernes, 22 de marzo de 2019

El derecho a tener pistola

Estamos en periodo electoral, y esto significa que se abre la lonja donde los partidos políticos van a vocear su mercancía ideológica a los cuatro vientos. Este año parece que la ultraderecha ha conseguido por fin subirse al carro y unirse a la troupe, así que vamos a poder disfrutar por primera vez en España, al igual que está sucediendo en todos los países avanzados, de sus ingeniosos argumentos sobre temas tan candentes como la negación del cambio climático o el derecho de poseer armas de fuego para la autodefensa.

En España, la defensa propia, o legítima defensa, está reconocida en el derecho penal como un eximente o atenuante en un juicio, y está sujeta a unos supuestos como el de proporcionalidad (no puedes romperle el brazo a un carterista), el de inmediatez (no vale defenderse al día siguiente, eso es venganza), y el de reaccionar a una agresión real (tampoco vale defenderse “por si acaso”). No es un derecho en sí, lo que quiere decir que no lo puedes alegar como motivo suficiente para realizar acciones que están restringidas por ley, como por ejemplo adquirir y poseer armas de fuego como las pistolas. No es que no se pueda conseguir una licencia de armas, por ejemplo para tiro deportivo o caza, es que resulta bastante complicado que te la concedan, y tienen que existir razones de peso si lo que quieres es una pistola dedicada a la autodefensa, no vale con que simplemente la quieras tener. Por lo tanto, lo que se está planteando es relajar estos supuestos para adquirirla, y supongo que también para utilizarla; ahora mismo, no es demasiado difícil conseguir permiso para tener una escopeta de caza, pero no esperes que te sirva en un juicio alegar defensa propia por haber disparado con ella a un intruso simplemente porque ha entrado a robar. Cambiar la escopeta por una pistola solo aporta comodidad.

Las personas que vivimos en sociedades relativamente pacíficas somos muy peliculeros con el tema de las armas de fuego; en especial, tenemos una especie de fascinación con las pistolas. Parece que consideremos que tener una de ellas te convierte en una especie de semidiós invulnerable que va a salir a tiros triunfante de todos los problemas. Nada más alejado de la realidad.

Todos tenemos en la memoria la reciente historia del heroico guardia urbano de Barcelona que consiguió salvar su vida in extremis, gracias a su arma reglamentaria, del salvaje ataque de la versión castiza del perro de los Baskerville. Pero la cosa no es tan sencilla como parece. En primer lugar, uno tiene que estar entrenado en el manejo de la pistola, y no solamente para garantizar al resto de la sociedad que puede hacer un uso responsable de ella, sino también para ser capaz de acertarle a un elefante en un pasillo, básicamente para que no le des al bebé que está detrás por error. En las películas, parece muy sencillo liarse a disparar y ver cómo van cayendo los enemigos como moscas; los videojuegos tampoco ayudan a la hora de hacerse una idea realista de lo que significa disparar con una pistola.

En primer lugar, para empezar a disparar, la pistola tiene que estar en tu mano. Uno no va por la calle enarbolando un arma y apuntando a su alrededor, preparado para repeler inmediatamente cualquier agresión; eso no te lo permitiría ni el mismísimo Hitler. Por lo tanto, no queda más remedio que esperarse a ser agredido para sacar a relucir nuestro fetiche favorito con cara de “esto no te lo esperabas, ¿verdad?”. El problema es que los agresores suelen ser más bien discretos, sabedores de que están realizando un acto ilegal, y no van a cargar contra ti desde diez metros de distancia enarbolando un hacha de batalla (no es que sea imposible, pero estarás conmigo en que, en el improbable caso de sufrir una agresión que justifique el uso de una pistola para defenderte, que se produzca de esta manera es todavía más improbable).

De manera que, cuando te des cuenta de que te están atacando, ya tendrás al agresor o agresores encima. Los delincuentes violentos están bastante más acostumbrados que tú a este tipo de situaciones; están entrenados en el uso de la violencia porque es su forma de vida, y les encanta. Yo llevo algún tiempo dando clases de Krav Maga, un tipo de defensa personal con la que aprendes, entre otras cosas, a desarmar a alguien que te está apuntando con una pistola en mil situaciones diferentes, y te aseguro que es la cosa más sencilla del mundo. Es como si te pusieras de acuerdo con el agresor en quedar para que te atraque; “yo pongo la pistola”, le dices muy cortésmente, como el caballero o la dama que eres.

Persona sin preparación esgrimiendo una pistola
Persona sin preparación esgrimiendo una pistola

Bueno, a lo mejor eso de ir por ahí con una pistola no es tan buena idea como parece, pero no me negarás que tener una en casa te da mucha tranquilidad, ¿o no? Siento ser un aguafiestas, pero creo que la respuesta es también un no rotundo. Al igual que en la calle, para defenderte de un agresor en tu domicilio, la pistola debe estar en tu mano, y cargada.

Entre las cosas que los profesionales sensatos te recomendarán como normas básicas de seguridad en la tenencia de armas, está la de guardar el arma en un lugar seguro, además de guardarla siempre descargada. Si tienes niños, es posible que entiendas el porqué; si no los tienes, piensa en las visitas. Si te sorprenden en casa unos atracadores, no creo que te sirva eso de “un momento, que tengo que ir al baño y enseguida estoy con ustedes”. Por supuesto, en tu domicilio puedes ir con la pistola cargada y en la mano todo el tiempo, faltaría más, pero, a menos que vivas solo, probablemente te encuentres con cierta reticencia por parte del resto de habitantes de tu casa. También es complicado, además de peligroso, dormir con la pistola cargada en la mano.

Otra cosa que tienes que tener en cuenta es que, por lo menos ahora mismo, no puedes simplemente acribillar a tiros a alguien simplemente porque lo encuentres desvalijándote la mesilla de noche. Puedes pensar que bastaría con apuntarle y amenazarle con hacerlo, pero lo cierto es que, si se acerca a ti tranquilamente, en plan conciliador, tampoco le puedes disparar de manera justificada, y probablemente la pistola acabe en sus manos, como en el caso anterior. Siempre puedes inventarte un ataque imaginario, pero tú eres una persona honrada ¿no? Y, en cualquier caso, la policía es más lista que tú, seguro.

Claro que puedes pensar que, lo mismo que se cambia la ley para que puedas tener tu flamante nueve milímetros, se pueden relajar los supuestos que justifiquen su uso; al fin y al cabo, estamos hablando de personas de bien, cansadas de que el sistema privilegie siempre a los delincuentes y no conceda a las víctimas ni siquiera la posibilidad de defenderse como es debido.

No penséis que estoy siendo incoherente. Yo soy un firme defensor de la prisión permanente revisable, incluso tengo una postura más radical en este tema que cualquier otra que conozca; pero el control de la violencia le corresponde al estado, solo él es responsable, y tiene la obligación, de utilizar este tipo de medios. Esto no se puede convertir en una versión caricaturesca del salvaje oeste, dónde los ciudadanos tengamos que preocuparnos casi más de nuestros vecinos paranoicos que de los auténticos agresores. Incluso dentro de las fuerzas de seguridad y el ejército existen personas que acaban descontroladas y provocan tiroteos y muertes, y se supone (lo digo en serio) que estos cuerpos están bajo una supervisión estricta. No quiero ni imaginarme lo que puede suceder si extendemos demasiado la tenencia de armas de fuego a la población civil (alguna que otra arma ya hay por ahí). Claro que no hace falta mucha imaginación para eso, basta con ver las estadísticas de los EEUU. Por cierto, si los agresores suponen que irás armado, lo más probable es que sencillamente te maten primero y te roben después, para no arriesgarse.

Para mi gusto, lo más aconsejable en estos casos es aprender defensa personal. Se trata de técnicas para todos los públicos y aplicables a muchas de las situaciones que realmente te puedes encontrar, y resulta mucho más realista y efectivo, además de ser una buena excusa para practicar deporte y estar en forma. Si eres un paranoico, o simplemente vives aislado y temes que te asalten, resultan más recomendables otras medidas de seguridad, como las alarmas, las cámaras de vigilancia, las rejas, y las puertas acorazadas. Si lo que quieres es tener a mano algo con que defenderte, puedes esconder por todas partes de la casa cuchillos y objetos contundentes, para eso no necesitas permiso, y te saldrá mucho más barato que una pistola. También puedes trucar tus muebles para que se desmonten al pulsar una palanquita oculta, por si te atan, o cualquier otro truquito ingenioso. Lo más probable es que tengas las mismas ocasiones de utilizarlo que una pistola, es decir, ninguna, pero te quedarás más tranquilo, reducirás la ansiedad con el entretenimiento, y no nos pondrás en peligro al resto.

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