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martes, 27 de junio de 2017

Formas de maltrato animal (I)

En un post anterior, traté el tema del maltrato animal desde un punto de vista más bien genérico, como una cuestión ética relacionada con la violencia y que, por lo tanto, es susceptible de ser tratada como objeto de derecho. En este artículo voy a tratar de comentar aquellas acciones que se suelen considerar como formas de maltrato animal en mayor o menor medida, intentando ser lo más objetivo posible a la hora de valorarlas.

Formas maltrato animal
Existen muchas formas de maltrato animal

Recordemos que planteaba el tema del maltrato animal como una cuestión ética, de valores de las personas y de las relaciones entre ellas, y por lo tanto sujeta al arbitrio de nuestros derechos, más que como una cuestión de derechos de los animales, algo que me parece bastante difícil de sostener legalmente. También me definía como relativista en cuestiones éticas, cada uno puede tener su propia ética personal, pero eso no significa que los demás tengan que aceptarla como válida.

Voy a empezar por la forma de maltrato animal más fácil de comentar. Las muestras de puro sadismo como apalear o ahorcar a un perro, quemar vivo a un gato, las peleas de perros y otras lindezas por el estilo. En los países civilizados existen leyes contra este tipo de maltrato y, generalmente, las personas que no son simplemente unos salvajes lo rechazan sin excepción. La razón principal es que nadie quiere vivir junto a este tipo de gente, ya que es muy normal que salten del maltrato a los animales al maltrato a otras personas sin demasiado esfuerzo. No es necesario molestarse en dar argumentos contra esto porque los que cometen estos actos ni saben ni quieren tratar con razones, y al resto sencillamente no nos hacen falta, por una razón o por otra.

Luego está la cuestión de alimentarse con animales o incluso con productos de origen animal, como la leche. Los veganos rechazan de plano esta posibilidad y representarían la oposición más radical a ella. Aunque yo siento reparos éticos por esto y suelo reflexionar bastante sobre el tema, no soy vegano. Prefiero la comida de origen vegetal a la de origen animal, por una simple cuestión de gusto, pero como carne y pescado de vez en cuando. Los animales se comen entre sí de forma natural, y el hombre no es una excepción, excepto por la cuestión de que es el único animal que puede pensar y decidir sobre ello. No encuentro ninguna manera de argumentar que una persona no deba comer animales, pero creo que el punto más polémico sobre esto está en la forma en la que se crían y matan (me gusta evitar el uso de eufemismos, creo que es un buen ejercicio ético) estos animales. Parece que cada vez hay más leyes que regulan esto tratando de evitar el sufrimiento “innecesario”, por lo que considero que vamos en la buena dirección.

Otra cosa es la cría de animales específicamente para utilizar sus pieles, colmillos u otras partes como adornos (usar la piel de un animal que de todas formas vas a comerte es otra cosa, siempre que lo mates primero, claro). Me parece que es un atavismo, lo mismo que la utilización de huesos o cuernos molidos como supuestas medicinas, existiendo la posibilidad de usar productos sintéticos o medicinas de verdad, y aquí sí que me posiciono totalmente en contra y lo encuentro éticamente inaceptable, por innecesario. Además, este tipo de “gustos” y tradiciones, promueven la caza furtiva, que es ilegal en casi todas partes. Muchos amantes de las pieles, los colmillos o los huesos de tigre no tienen reparos en comprar en el mercado negro sus adorados (y caros) cachivaches y potingues.

Hablando de caza, algo que ha hecho el hombre casi desde sus orígenes, sobre esto tengo ideas encontradas. Puesto que como carne, no puedo considerar que una persona que sale al campo (o a pescar), mata sus propias presas y luego se las come está haciendo algo éticamente reprochable. A mí me las matan otros, después de sufrir una cría y un transporte muchas veces bastante peores que una muerte rápida después de una vida de libertad en el campo. Pero existe otro tipo de caza, como la de leones o elefantes en África o, pongamos por caso, osos en Rusia, que me da la sensación de que no es otra cosa que una ostentación de poder o riqueza, algo que suelen hacer las personas que necesitan demostrarse a sí mismas que son ricas o poderosas. Matar un animal por pura diversión, o por deporte, para el caso es lo mismo, es otra de las cosas que me parecen éticamente inaceptables. (Aunque ya lo he dicho al principio, lo recuerdo: soy relativista. Éticamente inaceptable significa que yo no lo acepto, no que exista un principio superior que lo haga inaceptable para todos. Como no creo que la diversión tenga nada que ver con la ética, y que esta constituye un principio superior a la primera en la escala general de valores humanos, rechazo este comportamiento, a la vez que considero que estas personas me están rechazando a mí, lo cual, probablemente, es totalmente cierto).

La caza es una actividad que, además de para la alimentación, se ha utilizado en la antigüedad como una preparación para la guerra, como podéis leer, por ejemplo, en la Ciropedia, de Jenofonte. Para muchas personas ha sido, o incluso es, una forma de entrenarse para acabar matando personas. Creo que se puede decir que un cazador que siente un cierto respeto por sus presas se comporta de forma ética, pero me resulta difícil ver algún rastro de esto en alguien que mata un león para colgar su cabeza disecada en el salón de su casa.

Otra cuestión polémica es la experimentación con animales con fines científicos. A estos animales se les provocan tumores, diabetes, párkinson, demencias y en general todo tipo de enfermedades, mutaciones genéticas terribles, se les impide el desarrollo normal desde el nacimiento y un largo etcétera. Esto no se hace solo con ratones o moscas, también se utilizan animales que, al menos en nuestra cultura, son tenidos como mascotas, como perros y gatos, o son parientes cercanos nuestros como los monos o los simios. Puesto que los científicos no son unos sádicos que se divierten torturando animales, estos animales suelen recibir como “premio final” una muerte dulce y compasiva. Obviamente no vamos a dejar de hacer esto, pues se consiguen grandes avances en medicina, que principalmente nos benefician a nosotros, pero el problema ético principal que le veo está relacionado con la forma que tenemos de tomarnos esto. Podría parecer que todos estos beneficios obtenidos a costa del sufrimiento animal deberían producir un sentimiento de agradecimiento hacia ellos y de respeto fuera de este campo. Pero sucede que los animales no se prestan voluntarios para estos experimentos, al igual que los esclavos no trabajaban de manera voluntaria para sus amos, sino por obligación, así que, como en este caso, parece que el agradecimiento no viene a cuento. En general, uno no se para a pensar en estas cosas, y todo el agradecimiento va a parar a los científicos, mientras que para los animales queda la indiferencia. A pesar del gran servicio que nos prestan a costa de su sufrimiento, seguimos utilizándolos además simplemente para divertirnos en toda clase de festejos, muchos de los cuales acaban con la muerte accidental o premeditada de los animales participantes, y a veces también de alguno de los asistentes humanos.

Con otro tipo de experimentos, como los del mundo de la cosmética, los animales tienen mejor suerte, y hoy en día es bastante común encontrar productos con la leyenda “no testado en animales”.

Solemos tener un doble rasero muy pronunciado entre lo que es admisible hacerle a un animal y a una persona. Es comprensible, teniendo en cuenta todos los beneficios que obtenemos de ellos y lo poco que nos gusta a nosotros el sufrimiento en carne propia. Aunque los pueblos primitivos sentían bastante más respeto por los animales, llegando a considerar sagrados a muchos de ellos, pronto empezamos a mostrarnos muy superiores y se fue desarrollando una mentalidad que los veía como simples máquinas sin sentimientos, seguramente apoyada en la propia esclavitud y masacre de seres humanos tan común en el mundo antiguo. La forma más eficaz de evitar los conflictos éticos es mediante la indiferencia. Esto no es necesariamente un síntoma de maldad. Tal como ha sido y es actualmente el mundo constituye más bien una protección necesaria para poder soportar nuestras conciencias. Además del sufrimiento animal, existen innumerables ejemplos de atrocidades y sufrimiento humano. No podríamos vivir tranquilos si realmente nos importase tanto como suponemos que debería importarnos. El problema es que la indiferencia debilita el espíritu, y puede acabar convirtiéndonos en seres totalmente insensibles. No veo solución directa posible para esto, pero indirectamente podemos tratar de desarrollarnos plenamente como personas en todos los sentidos, consiguiendo desarrollar la autoridad suficiente (que creo que actualmente no tenemos) para conseguir que estas cosas cambien sustancialmente. Una personalidad fuerte permite reflexionar sobre estas cuestiones sin que esto te supere, no son nuestras conciencias las que deben despertar, sino nuestra personalidad.

Como este post ya se está haciendo demasiado largo, dejaré el polémico tema de las fiestas populares y el mundo de la tauromaquia para el siguiente artículo.

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