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viernes, 23 de junio de 2017

Maltrato animal

El maltrato animal es una forma de violencia que consiste en participar directamente, de forma activa, como realizador u organizador, o bien de forma pasiva, como simple espectador, en actos de crueldad hacia los animales. Que esto sea aceptable o no es una cuestión ética, aunque normalmente se acaba reduciendo a una simple cuestión legal.

Maltrato animal
El maltrato animal es una forma de violencia

Reducir las cuestiones éticas a simples cuestiones legales resulta demasiado simplista. La ley es una cuestión pública que se aplica a todo el mundo, en teoría por igual. Debería estar fundamentada principalmente en cuestiones prácticas, tratando de ser objetiva y atender a los intereses y preferencias comunes de todos, no de algún grupo o individuo particular (obviamente, cuanto más desigual sea una sociedad, más difícil será conseguir esto). Por ejemplo, está permitido vender tabaco, aunque todos sabemos que es muy perjudicial para la salud. Decir que algo es correcto simplemente porque “está mandao” es simplemente una muestra de autoritarismo. La actitud ante el maltrato animal tiene tanto componentes éticas como componentes prácticas, y creo que es bueno tener clara la separación entre ellas.

Los componentes éticos tienen su origen en nuestros sentimientos y valores personales, son subjetivos. Esto es lo que yo llamo relativismo ético, la combinación de sentimientos y valores da lugar a diferentes escalas en diferentes individuos. También tenemos la versión autoritaria, el dogmatismo, que considera que la ética es algo trascendente, que solo existe una ética buena y que aquellos que no la abrazan están equivocados o simplemente son malas personas. Yo me defino como relativista. Esto no quiere decir que considere buenas o válidas todas las posturas éticas, como les gusta y les conviene pensar a los dogmáticos de nosotros, sino que yo me hago responsable personalmente del rechazo o aceptación de una determinada línea de pensamiento o de actuación.

Empezaré por posicionarme con respecto al maltrato animal. Aunque no soy vegano, prefiero comer vegetales a comer carne. Por lo demás, soy contrario a todas las formas de maltrato animal, e incluso tengo problemas éticos con el uso de animales para la investigación médica. Por mi relativismo ético, creo que no existe ningún argumento categórico contra el maltrato a los animales. Tampoco me hace ninguna falta, puesto que no siento ningún impulso de hacerles daño. Incluso llego al extremo de apartar algún insecto de la acera para evitar que el que venga detrás lo aplaste de un pisotón, como suele ser instintivo para tantas personas. A mí me parece evidente que los animales son inferiores a nosotros. Mucha gente considera que existe una especie de derecho natural a esclavizar y maltratar a los inferiores (por eso está tan mal vista esta palabra). Creo que esta idea es simplemente una forma de pensar de salvajes heredada de otros tiempos en los que era normal y legal incluso la esclavitud y maltrato de personas. Yo me siento en una especie de comunidad con los animales, una forma de pensamiento todavía más antigua, y esa inferioridad me produce sentimientos de empatía y protección. El que no entienda esto, puede pensar por ejemplo en un bebé humano. Aunque técnicamente no es un inferior, en sus primeros años se encuentra en una situación de inferioridad manifiesta. Si no eres una especie de psicópata o un pederasta, normalmente esto te induce un impulso instintivo de protección. Incluso los perros tienen un cuidado especial con los bebés humanos cuando conviven con ellos.

Debido a esta inferioridad, considero que los animales tampoco pueden tener derechos, al menos derechos legales, puesto que no pueden entender el concepto y no los pueden hacer efectivos. Un salvaje pensará que, si un animal (o incluso una persona) no tiene derechos, no existe ningún impedimento para hacerle todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Aunque no le veo mucho sentido a admitir a este tipo de personas en nuestras comunidades, el caso es que lo hacemos, y el único argumento que se me ocurre es que, aunque los animales no puedan tener derechos, las personas sí que podemos y de hecho los tenemos. Por incomprensible y estúpido que parezca, algunas personas sufrimos con el daño infligido a los animales, puesto que sentimos empatía hacia ellos, y podemos considerar como una agresión indirecta cualquier acto que consideremos una agresión hacia los animales. Esto nos da una base legal para reclamar ciertos derechos que protegen a los animales, pero estos derechos son nuestros, no de los animales, a ellos los tomamos bajo nuestra protección. Un perro apaleado jamás acudirá a un juzgado a denunciar la agresión, ni siquiera si tiene derecho legal a ello, pero yo sí puedo hacerlo, y puedo llegar a conseguir que se actúe de manera contundente contra el agresor. Existen muchas leyes que protegen derechos similares, relacionados con la sensibilidad de las personas. Leyes contra el racismo, leyes que protegen la sensibilidad de víctimas de actos violentos, etc. Esto mueve la cuestión ética de los animales a las personas. Ni puedo ni quiero argumentar sobre si es lícito o no maltratar a los animales, ellos no pueden ni podrán nunca participar en el debate. Se trata de una cuestión entre personas.

Al igual que con nuestras capacidades intelectuales y técnicas, existe un salto abismal desde nuestra consideración hacia los animales hasta la consideración hacia otras personas. Si exceptuamos de nuevo a los salvajes, que los hay, cosa que creo que es lo primero que hay que hacer cuando se tratan este tipo de temas, la vida, la integridad física e incluso la integridad moral de las personas son algunos de los bienes a proteger que consideramos más preciados. Toda la laxitud que demostramos hacia otros seres vivos se convierte muchas veces incluso en sobreprotección cuando se trata de nosotros mismos. De nuevo, aquí tampoco encuentro un argumento categórico que imponga que esto deba ser así. De hecho, muchas veces conseguimos rebajar fácilmente a otras personas a la categoría de animales simplemente aplicándoles un calificativo (son: rojos, fachas, judíos, negros, maricones, obreros, empresarios… moriríamos de viejos antes de terminar la lista). Me podéis alegar que antes hemos quitado a los salvajes de la discusión. Os recomiendo leer LTI. La lengua del tercer reich, de Victor Klemperer. Allí podréis encontrar testimonios que hablan de vecinos o compañeros de trabajo normales, con los que tienes un trato cordial e incluso amistoso, que de la noche a la mañana te miran y tratan como a un apestado, podríamos decir que como un animal. Por cierto, también encontraréis un episodio sobre animales: una de las primeras cosas que hicieron los nazis una vez metidos en faena con la cuestión judía, fue decretar que todos los animales de compañía de los judíos debían ser requisados y exterminados. Me recuerda otro acto de crueldad que me contaron hace tiempo. Un ladrón entró a robar en casa de una anciana y, al no encontrar nada de valor, destruyó todas las fotos que encontró en la casa. Algunas personas utilizan sus derechos para conseguir suavizar el trato que se les da a este tipo de individuos (que conste que yo no soy partidario de hacerles daño), por lo que considero que podemos usar nuestros derechos para proteger a los animales con una mayor base legal que tratando de conseguir “derechos” para ellos.

Pensaba revisar y comentar las acciones con las que considero que se maltrata a los animales, pero este post ya es demasiado largo, así que lo dejaré para el siguiente. Para terminar, simplemente quiero dejar claras una cosa. Mucha gente piensa que preocuparse por el bienestar de los animales es una especie de desprecio hacia los seres humanos, que parece ser que deben ocupar en exclusiva nuestra atención y acaparar nuestros buenos sentimientos, independientemente del comportamiento que observemos en ellos. Los animales son mis inferiores, mientras que las personas son mis iguales, se trata de dos ámbitos totalmente diferentes que no son excluyentes. Pero mis iguales tienen algo que no tienen mis inferiores, se llama responsabilidad, y esto hace que pueda ser más estricto a la hora de juzgarlos. No se trata de desprecio, sino del reconocimiento de dicha igualdad. Invitaría a estas personas a vivir durante un par de meses como un animal, incluso como una mascota, para que juzguen si existe ese trato de favor que supuestamente concedemos a los animales en detrimento de las personas.

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